Caldea bajo cero (y al contrario)
Andorra, agua caliente, nieve en los cristales del bus. Un día real contado como si el termómetro mentira a propósito.
Fuera, el parking humeaba frío. Dentro, el agua te pedía que soltaras el hombro derecho, ese que carga mochilas y correos pendientes.
Había familias, silencios, y un señor que leía el periódico como si el mundo cupiera en una página de economía. Yo floté lo justo para olvidar la hora del regreso.
La magia pequeña
No fue un viaje épico. Fue un contrapeso: calor contra hielo, quietud contra agenda. A veces dejarse llevar es simplemente dejar que el cuerpo gane una discusión al reloj.
Al salir, el aire de montaña me devolvió a la lista de cosas por hacer. Guardé, aun así, el olor a vapor en la manga del abrigo, como un sello de frontera invisible.