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Ocurrido Lisboa, Portugal · marzo 2024

Lisboa con niebla en los bolsillos

Tres mañanas de marzo en que la ciudad parecía escrita a lápiz y el tranvía 28 sonaba a memoria ajena.

Llegué con la chaqueta equivocada y el mapa doblado en el bolsillo interior. Lisboa no me recibió con azulejos perfectos: me recibió con una niebla baja que convertía el Tajo en una idea.

El primer café lo tomé de pie, en una esquina donde nadie miraba el móvil. El camarero dejó la cuenta sin decir precio. Yo dejé monedas de más, por si el gesto era una forma de hospitalidad.

Alfama sin prisa

Subí callejones que olían a ropa tendida y a sardinhas todavía lejanas. En un mirador vacío, una mujer mayor señalaba el puente como quien señala un familiar: no para enseñarlo, sino para recordarlo.

Hay ciudades que no se visitan. Se les deja espacio.

Volví al hotel con las manos frías y la sensación de haber escrito media página sin abrir el cuaderno. Eso, para mí, ya es viajar.